Autor: Sergio García
25 de Diciembre de 2007
Cuando Chávez habla de socialismo y de terminar con el capitalismo concentra toda la simpatía de millones, cuando habla contra la clase obrera y el marxismo genera dudas y diferencias desde sectores del propio proceso. Cuando llama a organizarse desde las bases en el PSUV genera expectativas, cuando apoya públicamente a Diosdado Cabello -máximo referente de la derecha bolivariana- confunde y debilita a los sectores más consecuentes y honestos de la revolución. Si como se dice estamos en un momento de tránsito de un modelo nacional a uno supuestamente socialista, al decir de Simón Rodríguez significa que "una revolución política pide a gritos una revolución económica" y esta debería manifestarse en medidas concretas que aún no se han tomado.
Un test será el proyecto de Reforma Constitucional que Chávez ha dicho que presentará de "su puño y letra", y sobre el cual planteó "es necesario que todos, el colectivo tengamos claro cuales son las relaciones económicas básicas para transformarlas, las relaciones de propiedad, las relaciones de producción, las relaciones de distribución o reparto y las relaciones de consumo, nosotros debemos transformarlas del modelo capitalista de mercado injusto, de explotación que todavía pervive en la sociedad venezolana y debemos transformarla en nuestra economía socialista bolivariana venezolana que responda a la satisfacciones de las necesidades de la comunidad".
Contradictoriamente también ha dicho que "en la reforma no se atacará la propiedad privada de empresas ni la educación privada" ¿A que reforma vamos entonces? Hay grandes sectores de la burguesía preocupada. En algunos borradores del proyecto se plantea avanzar hacia legitimar modelos de relaciones de producción social, por encima de los clásicos derechos privados.
Para el abogado y representante de la burguesía Asdrúbal Aguiar "el estado se reserva la planificación de la actividad económica privada. Entienden que el empresario privado es un apéndice del modelo de producción socialista y opera como un concesionario. Claro con una gran contradicción que revela el artículo 113 del papel de trabajo del proyecto de reforma: el gobierno castiga el que los particulares no se sujeten a los métodos de producción).
Por otro lado se profundiza el discurso de un socialismo que conviva con la propiedad privada de importantes medios de producción.
El Ministro del Poder Popular para la Planificación y Desarrollo, Jorge Giordani aseguró que "la figura de la empresa privada puede vivir perfectamente dentro de un sistema socialista, siempre y cuando su finalidad no entre en conflicto con el bienestar de la sociedad donde esté la empresa". Este camino además de ser utópico -porque nunca los capitales privados piensan en el beneficio social y trabajan sobre la explotación- lejos de fortalecer debilita un verdadero proyecto socialista. Sin un cambio cualitativo en el sistema bancario, en las relaciones de producción y propiedad, y en el poder protagónico para las organizaciones del pueblo, no se podrá avanzar a un país socialista.
Lejos de ser algo nuevo o a la venezolana como se lo presenta, esta concepción de socialismo con apertura al capital privado ya se ha utilizado con penosos resultados. El ejemplo más actual es China aunque esta revolución partiera de contar con la totalidad de los medios de producción en manos del estado. Sobre un discurso similar de "socialismo a la china" el poder central comenzó un proceso de reformas de mercado y de apertura al capital privado en tres etapas con consecuencias catastróficas de miseria y superexplotación. Como bien lo explican dos prestigiosos Economistas marxistas refiriéndose a la entrada de capitales privados en los 80 "aunque inicialmente dependían del sector estatal las empresa colectivas urbanas eran lucrativas y muchas de ellas son empresas privadas con falsa gorra roja para obtener ventajas fiscales en los suministros y en los créditos...cada nuevo estadio del proceso de reformas generaba nuevas tensiones y contradicciones que sólo se resolvían con una mayor ampliación del poder del mercado, que llevaba a una mayor consolidación de la economía política capitalista. Así pues en lugar de utilizar el capitalismo para construir el socialismo tal y como afirmaban los reformistas que ocurriría, lo que en realidad ha pasado es que el socialismo de mercado ha utilizado al socialismo para construir el capitalismo...este proceso de reforma pone de manifiesto que una vez que se entra en la pendiente de las reformas de mercado solo se puede seguir resbalando por ella".
Venezuela parte de una situación distinta, del capitalismo clásico a trastocar e inestabilizar el mercado y cada reforma lo tensiona aún mas, pero si no se avanza mas allá y se mantiene bajo un discurso socialista el poder del capital sobre los medios de producción y un sistema financiero privado a la larga no se rompe el modelo capitalista sino que peligrosamente este se puede mantener e incluso fortalecer. Corremos el peligro que en lugar de avanzar a lo nuevo repitamos lo peor de uno de los modelos más perversos del falso socialismo del siglo XX.
Otro argumento para sostener la convivencia con capitales privados es que debemos romper con el dogmatismo, mas toda verdad exagerada comienza a dejar de ser verdad.
Está muy bien no tener un método dogmático, pero esto no significa desechar bases teóricas y políticas del marxismo si todavía reflejan la realidad. Hasta hoy en cualquier lugar del planeta el capital privado es sinónimo de explotación y ganancias individuales. Lorenzo Mendoza (empresas Polar), Gustavo Cisneros (grupo Cisneros), los Capriles (Cadena Capriles), los Salomón (Sambil), los empresarios de Empreven y la nueva directiva de Fedecámaras (José Manuel González, Lope Mendoza, Noel Álvarez y Ciro García), con quienes el gobierno han acordado o buscan acordar, nada tienen que ver con un modelo socialista. Seguimos proponiendo que el rumbo constitucional sea claro, hacia una progresiva eliminación del poder capitalista en la economía y el régimen de propiedad de la industria y el sistema financiero.
El debate sobre la Reforma Constitucional se está haciendo en un marco de tensiones producto del rechazo que la gran burguesa y el imperialismo le oponen. Sin embargo, la gran burguesía tiene el temor de que si intentan nuevas acciones, el pueblo y los trabajadores movilizados en la calle lleven a Chávez a mayor radicalismo. Es necesario que el debate no quede encerrado en Comisiones de Notables o en la Asamblea Nacional. Debe ser un debate de todo el pueblo y sus organizaciones, masivo y constituyente, donde las bases discutan los cambios hacer en la Constitución para un verdadero camino socialista y otorgue legitimación al poder protagónico de los trabajadores y el pueblo.